Nuestro fútbol se hunde como el Titanic PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Dante Faundez   
Lunes 26 de Junio de 2017 10:35


Expropiación de clubes y negociado de la @ANFPChile le permite seguir lucrando a costa de los Derechos de imagen de clubes (1 club es más que una SA o una SADP) 1 club es la suma de ramas Profesionales y/o Amateurs que socializan entre deportistas, familiares, hinchas y adeptos en general que al comprometerse pasan hacer socios y participan activamente de su gestión.

 

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Por Eduardo Bruna 7 Junio, 2017


 

 


 

 


 

Mientras nuestros equipos vienen dando reiteradamente la hora en las competencias internacionales, Bolivia fue capaz de clasificar dos clubes a la siguiente fase de Copa Libertadores. Mientras nuestra Sub 20 sólo pudo mirar el Mundial por televisión, Venezuela disputará su paso a la final enfrentando a los uruguayos. Pero nadie se alarma ni se pone colorado. La guinda de la torta: los dirigentes de la ANFP esperan que el Consejo de Presidentes les apruebe la moción de cobrar por sus valiosos servicios. ¿Es todo esto una joda? Mientras el trasatlántico se hunde, como en la película la orquesta en cubierta sigue tocando.

 

Bolivia clasificó dos equipos -The Strongest y Jorge Wilstermann- a la fase de octavos de la Copa Libertadores. Nosotros ninguno.

 

Venezuela se enfrenta este jueves 8 a Uruguay, por las semifinales del Mundial Sub 20 que se disputa por estos días en Corea del Sur. Nosotros -fútbol chileno- ni siquiera pudimos competir con un mínimo de posibilidades durante el sudamericano clasificatorio de la categoría, que se llevó a cabo durante el verano en distintas ciudades de Ecuador.

 

Es la triste realidad del fútbol chileno, que con un torneo casero absolutamente desvalorizado y mediocre hasta el acabose, sigue precariamente sustentándose en una Selección exitosa pero la cual, por razones naturales, tiene fecha de vencimiento sin que se advierta por ninguna parte la generación de recambio.

 

¿Para esto se creó el sistema de Sociedades Anónimas Deportivas? ¿En qué quedaron las promesas de los encantadores de serpientes de todos los pelajes que nos prometieron no sólo un fútbol ordenado y serio, sino rotundamente competitivo al menos a nivel sudamericano?

 

A poco más de una década de la implantación de este nefasto invento, para el cual se confabularon desde personeros gubernamentales con todo su aparataje administrativo, políticos de todos los colores, empresarios ávidos, periodistas ingenuos o a sueldo y una legión de chantas dispuestos a sacar partido, nuestro fútbol da pena. Ello sin contar la vergüenza que produjo el mayor escándalo de su historia, cuando fruto de la gestión de estos iluminados se produjo el más gigantesco latrocinio que registren los anales del deporte sin que ninguno de los responsables corra el más leve riesgo de ir a parar a la cárcel.

 

¡Ni siquiera pasan por el bochorno de ser apuntados con el dedo…! ¡Los ladrones hasta aquí no han devuelto un peso…! Al contrario: la mayor parte de estos sinvergüenzas sigue como si nada, enquistado en el Consejo de Presidentes y algunos hasta forman parte del directorio de la ANFP.

 

Tenemos claro el país donde vivimos. Desde que se traicionaron los principios y la alegría sólo llegó para algunos, creció exponencialmente la cuota de caraduras que se han dedicado a robar o a poner la mano como poruña como si el mundo se fuera a acabar.

 

Para hacerla corta, vivimos en un país absolutamente anormal.

 

Un país donde existe un sistema de previsión o de salud que no existen en ninguna parte del mundo de la forma como nosotros los conocemos y los sufrimos. Un país donde la educación se vende y se compra -por parte de quien puede hacerlo- como si se tratara de chunchules o de marraquetas. Un país donde todos nos escandalizamos de la delincuencia desbordada y creciente, pero en el cual los educados ladrones de cuello y corbata quedan una y otra vez impunes y a lo más los condenan a asistir a clases de ética. Un país, en suma, que le cierra el boliche a un almacenero por no dar una boleta de $ 300, pero que en cambio eleva a la categoría de prohombres a otros que, para acrecentar sus fortunas ya obscenas, crean toda una maquinaria para defraudar al país en millones y millones de dólares.

 

Hay uno que, incluso, hasta quiere repetirse el plato como Presidente…

 

Está claro, a estas alturas, que la anormalidad de este país tarde o temprano iba a terminar permeando el fútbol. Con mayor razón si el sistema -implantado con engaños y con trampas-, encontró en la inacción o la desembozada alcahuetería de autoridades y organismos competentes (Ministerio de Justicia, del Deporte, Superintendencia de Valores y Seguros, etc), terreno fértil para agarrar lo que se pudiera en el menor tiempo posible.

 

Nunca, en toda su historia, el fútbol contó con más recursos que ahora. Nunca, sin embargo, y a pesar de las incontables frescuras de los regentes de los clubes para que hasta el Estado y los municipios les aportaran más plata todavía, habíamos estado peor desde el punto de vista financiero y, lo que es aún más indignante, deportivo.

 

Colo Colo fue campeón de Copa Libertadores y productor constantes de cracks de nivel internacional sin tener que engañar al Fisco ni recibir cuantiosos dineros de un Canal del Fútbol. Mucho menos repartijas espúrias, como las que hacía a cada rato Jadue para comprar el silencio y la complicidad, sino de todos, de la inmensa mayoría de los clubes.

 

El Cacique hasta levantó su propio estadio sin recibir un peso del Estado, por más que el mito de la “contra” involucre hasta al propio dictador ignaro y rasca como generoso mecenas. Los clubes actuales, en cambio, gozan de modernos y cómodos reductos que les construyó graciosamente el gobierno de turno, postergando incluso necesidades mucho más urgentes -como escuelas, cárceles o consultorios- para colaborar con el negocio de esta tropa de sinvergüenzas.

 

Lo mismo Universidad Católica, que con sus propios medios erigió en San Carlos de Apoquindo el recinto que vino a reemplazar, aunque no a olvidar, a aquel añoso estadio de madera de Plaza Chacabuco, en el pulmón de la comuna de Independencia.

 

Y sin esta Sociedad Anónima que ahora lo regenta hasta disputó -en 1993, ante Sao Paulo- una final de Copa Libertadores que en algún momento del partido de revancha estuvo incluso al alcance de la mano. Hoy, cuarto en su grupo, con apenas cinco puntos, la campaña a los “cruzados” no le dio ni para entrar de rebote a la Copa Sudamericana.

 

La misma Universidad de Chile de tiempos pretéritos, y que al parecer no eran tan malos después de todo, producía jugadores de nivel competitivo como en serie y con ya los despojos de su mayor mito -el Ballet Azul- hasta jugaba una semifinal de Copa Libertadores frente a Peñarol. Hoy, en cambio, no es capaz de superar una primera ronda de la Copa Sudamericana.

 

Para qué hablar de nuestros otros “representantes” en Copa Libertadores. Unión Española cayó “masacrada” frente a The Strongest y Deportes Iquique -el que sin duda menos críticas puede ganarse- al menos hizo un papel digno que le entregó como premio de consuelo pasar a la Copa Sudamericana.

 

Everton y O´Higgins, por su parte, en este torneo sudamericano de claro corte menor (equivale a la Europa League en comparación con la Champions), defraudaron frente a los Patriotas -de Colombia-, y Fuerza Amarilla -de Ecuador-, respectivamente. ¿Quién diablos conocía hasta ahora a estos equipos que hasta nombre chistoso tienen?

 

El único que se “salva” -hasta ahora- es Palestino. Sólo que para avanzar una fase tuvo que pelar el ajo, y echar mano a los penales, para dejar atrás al Atlético Venezuela, que es no sólo un novato en estas lides, sino además un club irrelevante en el fútbol más irrelevante de Sudamérica.

 

Décadas atrás, cuando este sistema que nos vendieron como la panacea ni siquiera estaba en la imaginación de ningún sinvergüenza dispuesto a crear una ley para arrebatarles el fútbol a sus hinchas, Palestino se daba el lujo de ir a Brasil y hasta pintarle la cara al mismísimo Sao Paulo en el Morumbí. Y lo propio hacía, en otros recintos y países, Unión Española.

 

El problema es que lo de ahora no resulta para nada nuevo. Al contrario: es tan reiterado que no puede sino provocar alarma.

 

¿Cuánto hace que Colo Colo no es capaz de superar una fase de grupos de Copa Libertadores? ¡Pero si en más de una oportunidad ni siquiera ha podido superar la fase previa para inscribirse en algún grupo!

 

Ese mismo Colo Colo de frecuentes problemas económicos antes jugaba una final que le robaron escandalosamente, en otras llegaba a semifinales y hasta ganaba un grupo de Supercopa teniendo como rivales nada menos que a Independiente, Boca Juniors y Cruzeiro. Ah, y también llegaba a semifinales por partida doble en este torneo que antes reunía a los ganadores de la Copa Libertadores.

 

¿Y ustedes, zopencos, quisieron convencernos de que iban a transformar al Cacique en el Manchester United de Sudamérica? Por favor, si los actuales hinchas albos ni siquiera tienen la pueril alegría de ganar nuestro pobre torneo casero, porque por comprar baratito no invierten y se contentan con contratar lo que botó la ola.

 

Y más: ¿dónde están esos jugadores de las series menores que igualaran el nivel internacional de un Vidal, un Valdivia, un Bravo o un “Mati” Fernández? ¿Y qué hicieron con los millones de dólares (40, aproximadamente) que recibieron por los “derechos de formación” de esos futbolistas en los que ustedes no tuvieron arte ni parte?

 

Lo mismo vale para Universidad de Chile y Universidad Católica. ¿Han sido capaces de producir un Marcelo Salas o, remontándonos aún más en el tiempo, un Quintano, un Pedro Araya o un Juan Rodríguez? ¿Un Fouilloux, un “Nacho” Prieto, un Luka Tudor o un Rozental?

 

Para nada. Porque los milloncitos que repartió alegremente Jadue, pasándose incluso por el aro a Tatita Fisco, jamás fueron destinados a fortalecer el “Fútbol Joven”, sino más bien a fortalecer los dividendos de los ávidos accionistas.

 

Por eso estamos como estamos. Agarrados como Toribio el náufrago a esa Roja que es producto neto de un sistema de Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro que estaba lleno de problemas y de fallas, pero que al menos podía exhibir gestión y trabajo de dirigentes identificados a concho con sus colores. Una Roja que aglutinó cracks de primerísimo nivel mundial con otros que, sin llegar a encandilar, están por cierto a años luz de aquellos que hoy sueñan sin mucha base con convertirse en el inevitable relevo.

 

Lo triste es que estos muchachos están llegando a la recta final de sus respectivas carreras y detrás de ellos no viene nadie con similares capacidades. Simplemente, porque si los actuales regentes invierten poco en sus equipos estelares, mucho menos lo hacen respecto de chicos que puede que no lleguen a ninguna parte.

 

El resultado es que tenemos un fútbol de presente chato y mediocre. Y lo que es peor, sin ningún futuro.

 

En agudo y brutal contraste, ahí está el fútbol boliviano, con dos cuadros clasificados entre los 16 mejores.

 

Ahí está Venezuela en el Mundial Sub 20, ocupando una posición que nosotros sólo conocimos hace ya 30 años, cuando el torneo se disputó en Chile. Esa misma Venezuela que, sumida en agudos problemas internos, donde no falta por cierto la intromisión foránea, se “muere de hambre” según nos cuenta la prensa en poder de los poderosos.

 

Pero al interior de este pobre fútbol la manifiesta mediocridad futbolística de nuestros clubes pareciera no ser tema. Juran nuestros dirigentes que bastará volver a los torneos largos de dos ruedas para recuperar la competitividad perdida. No sólo eso: piensan que con un delirante plan de desarrollo a diez años (ahora sí que sí, pareciera ser la consigna para seguir engañando incautos), el fútbol chileno va a producir jugadores de calidad que van a pelearse los grandes de Europa.

 

Como tampoco pareciera ser tema el que nuestro fútbol esté técnicamente quebrado. Algo que, por lo demás, no decimos nosotros: lo dijo la propia ANFP luego que Jadue se arrancara a Estados Unidos y se decidiera un bochornoso borrón y cuenta nueva.

 

Porque he aquí que el actual directorio, encabezado por Arturo Salah, está empeñado en que el Consejo de Presidentes les apruebe “reguleques” sueldos que, en su momento, hasta el desaprensivo Ministerio de Justicia consideró que eran ilegales.

 

Por cierto, dándole a la figura una vuelta de tuerca. En otras palabras, recurriendo a otra de las martingalas a las que ya nos tienen acostumbrados. No serían “sueldos”. Serían pagos por servicios prestados en forma “externa”. Dicho más claramente aún, “boleteando”.

 

La pregunta que surge es qué se va a calificar como trabajo “externo”.

 

Para buscarle la vuelta, más de un dirigente genuflexo aclaró que “por ejemplo, si uno de los dirigentes, que es abogado, presta sus servicios profesionales en un juicio”. Pero si el juicio tiene que ver con el fútbol, ya no puede considerarse algo “externo”. Y si nada tiene que ver con el fútbol, ¿por qué ese mismo fútbol tendría que pagarle a ese profesional por litigar en temas que en nada atañen al deporte?

 

Demás está decir que algo así se prestaría, por añadidura, para todo tipo de conflicto de intereses. Pero son pocos los que se andan con remilgos. A razón de 8 millones mensuales por nuca (Federación y ANFP), el vital aporte de estos calificados profesionales al fútbol podría costarle la friolera de 6 mil millones de pesos por año.

 

¡A un fútbol quebrado y que según sus mismos personeros no tiene con qué hacer cantar un ciego…!

 

A eso llegamos con este sistemita nefasto, corrupto y claramente fracasado.

 

Y, por favor, no me mencionen la Copa Sudamericana que la U ganó brillantemente en 2011.

 

Tampoco la clasificación de la Sub 17 al Mundial de la India.

 

Lo primero, porque sólo constituye la excepción que confirma la regla.

 

Lo segundo, porque los pasajes al Mundial se obtuvieron en Chile, porque pocas veces habíamos visto un representativo nacional con menos fundamentos técnicos y porque, cuando debieron medirse frente a un equipo “de verdad” –Brasil-, nos comimos una boleta de escándalo.

 

¿Qué esperan las autoridades de este país para meterle mano a este fútbol marrullero y que al parecer hace lo que quiere? ¿Que los actuales regentes entreguen en concesión ese monopolio que constituye el Canal del Fútbol y se lleven los millones de dólares para la casa, dejando únicamente los despojos?

 

ElAgora

 

 

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