1971-1985 PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Jorge Vergara N.   
Lunes 04 de Julio de 2011 19:42

Recuperada la soberanía, mucho tuvo que bregar don Héctor Gálvez con la entonces Asociación Central para recuperar algo de la autonomía del club. Él tenía muy claro que la única fórmula para desarrollar el club, como pretendía su sufrida hinchada, era cohesionarse internamente, armar un equipo de éxito deportivo y finalizar el estadio para consolidar su independencia.

Gálvez golpeó todas las puertas, nadie le abrió, pero este viejo caudillo vio a Colo Colo campeón los años 1970 y 1972, cuyo plantel nos llevó el año 1973 a ser por primera vez en la historia sub campeones de la Copa Libertadores de América. Todos aquellos que estuvieron esos cuatro años al lado de don Héctor saben de las vicisitudes que él y su directorio tuvieron que vivir. No fueron pocas y sí muy humillantes, a tal extremo que de la situación patrimonial del club hacían mofa, además de los dirigentes de la asociación Central, los dirigentes de los demás clubes. Gálvez comprometió hasta su salud en su empeño por terminar el Estadio Monumental, porque sabía que ahí estaba la clave para ser soberanos, independientes, libres y autónomos. Si elegir nuestros dirigentes nos daba soberanía, el estadio nos haría independientes. Tan sólo faltaría buscar las reformas en los estatutos y reglamentos de la Asociación Central para ser finalmente libres y autónomos para desarrollarnos conforme a nuestras propias capacidades.

Héctor Gálvez estuvo a punto de lograrlo, a no ser por todas las trabas que se le pusieron para utilizar el estadio y que gracias a su porfía logró habilitar, pero por muy poco tiempo. El poder de turno no quería que se dañaran los ingresos del Estadio Nacional. El Monumental, así modestamente habilitado, aún con limitaciones, era por muy lejos superior a cualquier otro estadio fiscal utilizado en provincia, pero salvo a los colocolinos a nadie más le convenía esta independencia de Colo Colo.

Ya se había hecho un hábito para muchos que Colo Colo debía pagar un alto impuesto por su poder de convocatoria y el cariño de sus adeptos. Desde ahí que a los colocolinos nos debe quedar muy claro que un estadio propio no les gusta a los clubes por envidia, pero tampoco a los que dirijan la Asociación. Y, quizás, lo más trágico es que tampoco le conviene al Gobierno de turno, cualquiera sea su tendencia o color político. O sea, al igual que ahora, en ese entonces también estábamos solos.

Luego del campañón de la Libertadores del año 1973 la envidia de nuestros pares llegó a tanto que el plantel de Colo Colo fue diezmado casi en su totalidad por los clubes y dirigentes que patrocinaban el llamado fútbol empresa (Unión Española con Abel Alonso y Everton con Antonio Martínez). Don Héctor priorizó su visión de futuro tratando de habilitar el Monumental en lugar de gastar esos recursos manteniendo un plantel que se había encarecido con sus éxitos. Es decir, su quimera libertaria duró dos años.

En esa época se vivían tiempos difíciles. Las libertades estaban suspendidas y don Héctor, empeñado en su visión de futuro, claudicó ante los oportunistas internos siempre latentes y los externos al club, que buscaban que Colo Colo no importa que no tuviera nada, pero que sí cumpliera su rol distractivo, sobre todo en la masa popular. Nuevamente operó la máquina y la ACF intervino a Colo Colo, sacando a don Héctor y a sus colaboradores a mediados de los 70. Nuevamente volvíamos a nuestro sino, sin soberanía, sin independencia, sin libertad y sin autonomía. Asumía como administradores del club el grupo económico BHC, cuyo presidente fue Javier Vial y luego Luis Alberto Simián.

Criticar lo hecho por el grupo BHC en Colo Colo durante su permanencia sería injusto. Si bien sus resultados deportivos fueron muy magros, es fácil comprobar que a poco andar construyeron al interior de Pedreros dos canchas de entrenamiento (una de maicillo), ordenaron administrativamente el club e impusieron una sana costumbre: a partir de ese momento, el club debería hacer sus balances anuales auditados externamente y con publicación en un diario de circulación nacional. Así se hizo ininterrumpidamente hasta el año 2000, en enero del 2001 cuando se preparaba el balance y auditoría del 2001. El Síndico Saffie requisó la información y el balance no se realizó. En ese entonces el síndico Saffie con una declaración falsa y audaz aseveró “Colo Colo no tenía libros de contabilidad”. La justicia más tarde lo desmentiría, pero nadie lo publicó.

Volvamos al BHC, luego de dos años,  estos interventores tomaron real conciencia en el medio de lo que se había venido debatiendo acerca de lo que Colo Colo había realizado para subsistir como institución durante estos 50 años.

Las normas administrativas de los estatutos de la Asociación Central de Fútbol eran leoninas con los llamados clubes grandes, y son ellos los primeros que hablan de que a Colo Colo se les expropian sus ingresos a tal punto que hacen imposible su permanencia en el medio. Es así como enfrentan como grupo a los dirigentes de la ACF de la época y buscan producir cambios elementales dentro de la normativa vigente. Al no ser escuchados, en enero de 1979 deciden retirarse y entregar el club. ¿Pero a quién? La Asociación Central, muy suelta de cuerpo, responde: "Deben devolverlo a las bases". ¿Pero cómo, si las reuniones están prohibidas por bando? La respuesta no demoró: "Conseguiremos la autorización de la Intendencia". Y así se hizo.

En enero del año 1979, Colo Colo vuelve a sus bases sin elección y con un directorio de unidad presidido por un Luis Alberto Simián que se retira del grupo BHC. Al menos algo de soberanía se había recuperado. Ese año Colo Colo conforma un plantel en lo económico bastante reducido, con Pedro Morales en la banca, y tras siete años de sequía deportiva vuelve a ser campeón de Chile. Durante ese año la labor de los dirigentes no fue fácil. La ACF seguía ejerciendo sobre el club el yugo de su administración expropiatoria, y para muestra un botón: el Estadio Nacional sólo se arrendaba a la Asociación Central de Fútbol y esta programaba los partidos en reuniones dobles e incluso triples. Los periodistas y medios, felices… Con todo centralizado, ellos bajaban sus costos. Pero, ¡qué paradoja!… La recaudación iba a un pozo común para los clubes de Santiago, y el espectáculo de Santiago lo administraba la ACF (los de provincias no).

Pero lo más grave e indignante es que del pozo resultante se distribuía por un porcentaje que fijaba la ACF y en donde los grandes beneficiados eran los llamados "clubes chicos", pero que en votos eran mayoría. Los grandes perjudicados eran los llamado "clubes grandes": Colo Colo y Universidad de Chile, en ese orden, igual modo implementado hoy con los ingresos de TV “gracias” a los síndicos Saffie y Edwards. Quienes a las espaldas de las masas colocolinos y azules traicionaron a estos clubes entregando la facultad de “disponer de” a la ANFP. Pero volvamos a la ACF y el reparto del “pool” en la era de Abel Alonzo de este porcentaje, una parte iba a la ACF, la cual prestaba a diferentes clubes conforme a su grado de sometimiento. Esta es la verdadera causa de la llamada "Deuda Histórica", de la cual se culpa a Colo Colo y a la "U" como causantes, en circunstancias de que era un sistema de tal perversión e injusticia que a las finales a estos clubes se les prestaba la plata que ellos mismos producían y más encima con intereses. Impresentable. La pregunta se cae de madura: ¿Y por qué les prestaban tanto? Y la respuesta es fácil: estos clubes debían dar espectáculo a la gente para mantener la actividad.

Volvamos a Colo Colo 1979: a mediados de año, por problemas personales, se aleja Luis Alberto Simián de la presidencia sucediéndole Miguel Balbi. A este grupo de dirigentes les bastó solo un año para reconocer que Colo Colo tiene que liberarse del yugo de la Asociación Central si quiere subsistir y plantea su solución: El plantel ya Campeón para 1980 se mantendrá en el costo del año 1979, a menos que Colo Colo se salga del "pool". La respuesta de la ACF y del Subsecretario del Interior Enrique Montero Marx de esa época, es rápida y certera: con el apoyo del diario La Tercera y los jugadores del plantel (que legítimamente buscaban mejorar sus remuneraciones) interviene en febrero de 1980 al directorio de Miguel Balbi. Así, el año 1981 aparece el diario La Tercera auspiciando la camiseta de Colo Colo y asume la presidencia de Colo Colo en calidad de interventor de la ACF Alejandro Ascuí, dirigente de Unión Española, acompañado de Patricio Vildósola, dirigente de Rangers, y Naín Rostión integrante del directorio de Miguel Balbi, entre otros. Pero heredó también la mayor parte del plantel del año 1979.

A partir de 1980, Colo Colo vuelve a perder su soberanía, su independencia y ni hablar de su autonomía y libertad. Deportivamente a Colo Colo le va bien. Aquello es un bálsamo para la situación del país y sale campeón los años 1981 y 1983.

Ahora, en cuanto a su situación patrimonial, está donde mismo lo dejó Balbi y casi igual a como lo dejó Héctor Gálvez. Sólo que en este período se produce la expropiación de parte de los terrenos de Pedreros. El gobierno de la época argumentó que "es para hacer calles en el entorno". Pero además de las calles, en su límite norte misteriosamente apareció un proyecto inmobiliario, ¿Quién defendió los intereses de Colo Colo? Nadie. No se podía, no éramos soberanos, ni independientes. Como tampoco libres ni menos autónomos.

A mediados del año 1985 el sistema del fútbol profesional había tocado fondo. Los dirigentes de la ACF se van, y los que asumen (Abumohor y Antonio Martínez, entre otros), al ver la dimensión de las deudas renuncian. Nadie quiere asumir, salvo Miguel Nasur, el único que se atreve...

En el intertanto, en Colo Colo Ascuí había entregado la presidencia a Vildósola y éste a Rostión. La directiva alba logra un acuerdo notarial con Nasur por el cual el club por su apoyo recibiría mensualmente 3,5 millones de pesos. Pero el cómo y dónde jugaba correspondería a una decisión de la directiva de Nasur. Llegaba a tal extremo esta dependencia que la ACF convenía con la CCU una rebaja en la entrada en los partidos de Colo Colo presentando tapitas de sus botellas y la CCU pagaba por esta rebaja directamente a la ACF. En otras palabras, además de la soberanía, independencia, libertad y autonomía, ahora habíamos perdido hasta el alma. Este sistema al interior de Colo Colo no tardó en precipitar una crisis terminal. En su desesperación acuden a sus bases nuevamente y a mediados de 1985 hacen un ampliado donde Rostión expresa sus deseos de renunciar indeclinablemente a fines de ese año. Este ampliado de colocolinos asume el reto y entre septiembre y octubre del año 1985 prepara un nuevo directorio de consenso, el cual es elegido después de mucho tiempo por una asamblea citada por sus bases.

En resumen, si revisamos la historia de Colo Colo desde su creación en 1925 hasta 1986, notaremos que las innumerables crisis e intervenciones a que fue sometido coinciden con un período previo de tres o más años sin salir campeón. Colo Colo, en 61 años de vida hasta ese momento, podía exhibir, deportivamente hablando, 14 Campeonatos Nacionales y 1 sub campeonato en Copa Libertadores de América. En cuanto a lo patrimonial, su sede en Cienfuegos y la obra gruesa de Pedreros. Que entre otras cosas, y como apuntamos antes, había sido expropiado en parte y canjeado por un cierre perimetral cuyo trabajo nunca se terminó. Y eso sería todo.

Estamos entonces que, en diciembre de 1985, Rostión cumple su promesa y asume el llamado directorio de unidad presidido por Peter Dragicevic.

Última actualización el Lunes 04 de Julio de 2011 19:56