1925-1970 PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Jorge Vergara N.   
Lunes 04 de Julio de 2011 19:36

Desde su creación, a Colo Colo su existencia no le ha resultado nada de fácil. Nació de una división al interior del club Magallanes. El principal motivo lo constituía el profesionalismo encubierto que existía en los clubes de fútbol de ese entonces y que se declaraban amateurs. Algo semejante de lo que ocurre hoy en los clubes que componen la Tercera División de nuestro fútbol y que funcionan bajo la tutela de ANFA, sin que a la autoridad alguna le llame la atención.

Por ello, es claramente distinguible que quienes crearon el club desde sus inicios, se rebelaron ante sus pares con un propósito libertario que permitiera su desarrollo en el tiempo. David Arellano y sus compañeros formaron un club de fútbol sin fines de lucro, el que más tarde ante el aumento de sus adeptos y simpatizantes, se convirtió además en un club de desarrollo social para su gente. Esta evolución constante y compleja ha sido lo que ha marcado a Colo Colo hasta nuestros días. Un grito libertario para desarrollarse y competir abiertamente bajo reglas claras; con autonomía para administrarse conforme a sus propias capacidades; con deportistas, autoridades y adeptos que concebían un club independiente de diferencias sociales, raciales, políticas y religiosas; con objetivos deportivos claros y nítidos como lograr triunfos deportivos; de principios claros y honestos. De ahí su camiseta blanca y el nombre de un cacique sabio como emblema. En su primera reunión en el Estadio el Llano invocaron la soberanía que buscaban como norte para su club y en una votación democrática eligieron su primera autoridad: su gran capitán, David Arellano.

El gran David Arellano y los suyos crearon este club con objetivos deportivos y, más específicamente, de fútbol profesional. Y lo hicieron teniendo presente un club soberano, independiente, libre, autónomo y solidario, principios que son el legado que debemos observar todos aquellos que llevamos al Cacique en el corazón.

Nunca estuvo presente en la mente de sus creadores y seguidores, ni antes ni ahora, un objetivo mercantilista o fines de lucros personales. Por ello, es de toda lógica entender que los estatutos y reglamentos internos del club nunca permitieron introducir mecanismos que favorecieran el tener como misión el factor de comercio. Y tal como siempre ha ocurrido, el hecho de ganar un Campeonato no necesariamente implicaba éxitos en lo económico, sino muchas veces muy por el contrario…

Desde el punto de vista deportivo, entre los años 1925 y 1970, vaya si Colo Colo logró objetivos deportivos: 10 campeonatos oficiales en 45 años lo colocaron a la cabeza de sus pares. Pero, la verdad sea dicha, primero sus propios pares y luego las autoridades gubernamentales en una u otra medida atacaban esta grandeza que se hacía cada día mas fuerte en el corazón de la gente, especialmente en esa gente que tiene muy poco o nada en lo material. Eran los tiempos que los clubes se financiaban por el aporte de un puñado de mecenas, quienes tenían dinero suficiente como para practicar a través del fútbol su forma de diversión.

Colo Colo, si alguna vez tuvo un mecenas, ese se llamó Antonio Labán, un notable empresario de la época, quien aportó muchos recursos personales al club y que tuvo la visión de salvar la sede de Cienfuegos de una hipoteca y de comprar el terreno y hacer la obra gruesa del Estadio Monumental, allá por el año 1952. Pero, lamentablemente, nunca más la historia de Colo Colo registra un personaje igual, y hoy por hoy los mecenas son una especie extinguida.

Colo Colo hasta el 2002, nunca fue propiedad del Estado ni directa ni indirectamente. Nunca tuvo dueño, no tuvo nunca organismos que lo subvencionaran, no representa ni a una colonia extranjera, ni a una universidad, tampoco a una ciudad o región. Menos a una clase social, gremio, empresa o segmento económico. Colo Colo es y ha sido siempre de toda su gente; con virtudes y defectos es una pasión transversal. Nació sólo con su gente y se ha desarrollado y forjado en esa misma soledad. Nunca nadie le regaló nada, muy por el contrario: no son pocas las personas y los organismos de distinta índole los que, no siendo colocolinos, se han mimetizado con su emblema para sacar ventajas personales o para sus entidades. Más, por extraña coincidencia, siempre de sus desventuras se ha culpado a sus autoridades de turno. Y si a Colo Colo no le pedían la quiebra era porque simplemente no había nada que rematarle. Esa es la verdad. Quien seriamente medite sobre este punto podrá concluir que es imposible que Colo Colo siempre se haya regido por hombres carentes de honestidad. Lamentablemente, el tiempo y las circunstancias impiden que aquellos hombres puedan hoy aclararnos cuáles fueron sus luchas, penas y sinsabores para dirigir un club que, mientras más grande era en el corazón del pueblo, mayor era la avidez que despertaba en quienes dirigían el fútbol profesional o los voraces intereses de empresarios que pululan en el entorno sabedores que a su alrededor giran simpatías, afectos, imagen y monedas, todo un botín para ellos.

Históricamente los triunfos de su plantel son los que condicionaban directamente los flujos de ingresos del club y que limitaban su sobrevivencia y accionar. Cuando a Colo Colo no se le daban estos éxitos en tres o más años, inexorablemente caía en una crisis aguda que comprometía su existencia. Y siempre será más fácil para todos culpar a los dirigentes. No obstante ello la democracia de sus bases y su democracia imperante lo levantaba con más fuerza y vigor.

Los tiempos en que Colo Colo se desarrollaba y su rapidez con que lo hacía, hicieron que, además de lo deportivo, los clubes pasaron a contar con coberturas sociales para sus adeptos. De ahí el nombre de "Club Social y Deportivo", y como los clubes para estas prácticas carecían de apoyos gubernamentales o incentivos, lo social pasó a ser una carga más para ya los deficitarios clubes. En esos tiempos sí que se valoraba la cobertura social como un concepto de aporte positivo y los clubes buscaban cumplir dicho rol.

Es a mediados de los años 40 cuando en el interior de Colo Colo se acrecienta diferencias entre sus socios en tres grandes ideas de club. Una, la de un club netamente deportivo con la creación de nuevas ramas y la intención de ser altamente competitivos en ellas. Es la época en que Colo Colo crea las ramas de basquetbol femenino y hockey en patines, entre otras. Otra corriente es la que busca que el club no sólo crezca en lo deportivo, sino que además en lo social y cultural. Y estaban, por último, aquellos que siempre han creído que Colo Colo debe ser un club de fútbol y exclusivamente de fútbol. Esa fueron las tres tendencias principales que por años han competido internamente entre los adeptos del club Colo Colo cuando era libre y que perdurarán en el tiempo hasta nuestros días

Por otra parte, el poder de la administración de los clubes y del fútbol profesional total estaba en poder del directorio de turno de la Asociación Central. Y en cuanto a los clubes su posibilidad de desarrollo era nula. Es la etapa en que los clubes eran un peldaño de ascenso para los dirigentes de turno, los clubes son los verdaderos payasos de este circo de la burocracia. Lo más importante para un dirigente era progresar lo suficiente como para llegar a la Asociación Central de Fútbol. Allí radicaba el poder total y se instalaban en ese organismo híbrido que creaba cada día más nuevos dirigentes en comisiones de trabajo que poco y nada aportaban.

Además, esta Asociación se mantenía a costa de los partidos de fútbol de los clubes, llegando a niveles tales como fijar un impuesto correspondiente al 20% del bruto que se producía en cada partido. Quedará suficientemente claro para usted cuáles eran los clubes que sostenían esta entidad, pero lo divertido era que, al momento de elegir los directorios, todos los clubes valían un voto. Demás esta decir que los llamados clubes grandes eran los grandes explotados del sistema. ¿Usted podrá creer que los medios de la época poco y nada opinaban sobre tamaña injusticia? Usted se preguntará a quién podrían acudir los clubes perjudicados y la respuesta es muy sencilla: a nadie. Los clubes y las asociaciones tenían solo un estamento superior donde acudir, y esta ha sido, es y será la Federación de Fútbol de Chile. El tema es que en esa época, hoy y seguramente siempre, dicho organismo no funciona. Es sólo una fachada grotesca para evitar controles y responsabilidades. Y el rol del Estado o Gobierno de turno en esto, es hasta el año 1969 sólo el de un mero observador.

Y es así como llegamos al año 1970 con 10 títulos conquistados. No obstante, institucionalmente con muy pocos activos: una sede y una obra gruesa en el viejo Pedreros, sin plantel. Hay que recordar que es en esa oportunidad cuando el fútbol profesional mundial abolió los pases permanentes, produciéndose una descapitalización aún mayor en los clubes. Eran los años en que el fútbol carecía de normativas que regularan a los clubes y jugadores. Por ello, el gobierno de la época de Frei Montalva, con una visión positiva de la actividad, propició y aprobó el DFL1 para los jugadores y empleados afines. En dicho decreto se reconocía que, dada la complejidad de la actividad y lo corto de la carrera del futbolista, no serían imponibles para los deportistas los ingresos ganados por premios y primas. Y que a su vez, en cuanto a la previsión, ésta se haría por el mínimo ante el INP, la cual se materializaría centralizadamente por la Asociación Central de Fútbol, hoy ANFP.

Es el momento en que los clubes deben asumir su existencia con personerías jurídicas propias, se definen como corporaciones de derecho privado y sin fines de lucro, sometidas bajo el control del Ministerio de Justicia. Al fin un Gobierno se atreve a dejar el rol de mero observador, para asumir un rol normativo y contralor.

Ante este nuevo escenario, y a partir de ese mismo instante, la Asociación Central de Fútbol cambia su tradicional estilo de administrar los clubes mediante su reglamento interno (la nueva exigencia lo obliga a modificar estatutos) por un nuevo diseño que le permita continuar centralizando las decisiones que involucren recursos para distribuirlos según sus componendas políticas. No demora mucho en darse cuenta de que la continuidad de sus procedimientos expropiatorios está en llevar estas decisiones al seno del Consejo de Presidentes. Con ello, los perjudicados siempre seguirán siendo los clubes de mayor convocatoria. La Asociación Central de entonces mantendrá su poder pese al nuevo sistema hasta el año 1987 (cuando colapsa definitivamente).

Los clubes de alta convocatoria, como Colo Colo, continuarán siendo expropiados ante la pasividad del Ministerio de Justicia, que se suponía tendría que hacerlos cumplir deberes y derechos. Esta impunidad con que actuaba el Consejo de Presidentes de la Asociación Central y sus directorios es la que nos llevará a la mentada "Deuda Histórica".

La mayor parte de estos años, entre 1925 y 1970, Colo Colo no fue ni soberano ni libre, ni mucho menos autónomo e independiente pero si era obligado a ser “solidario” a la fuerza. Fueron varias las intervenciones y vejaciones que sufrieron el club y sus autoridades, ya que con el viejo y subjetivo expediente de provocar divisiones internas o definir "una mala administración", la ACF aprovechaba cualquier momento para intervenir Colo Colo, meter sus manos y poner en su lugar a dirigentes de otros clubes que servían a sus intereses (los llamaban interventores). Pero la democracia de la época permitió rescatar una vez más de las garras de la ACF al club y es así como Héctor Gálvez asume como presidente el año 1970.

Última actualización el Lunes 04 de Julio de 2011 19:39